En su política exterior, el Estado mexicano sostiene varios principios que se encuentran definidos en la Carta Magna del país. Estos principios son el derecho de autodeterminación, el principio de no intervención, la solución pacífica de conflictos, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los estados, la cooperación internacional para el desarrollo y la lucha por la paz y la seguridad internacionales. El presidente tiene la facultad de representar al país para celebrar tratados internacionales y todos los asuntos relativos a la política exterior.
En muchos sentidos, los principios de la política exterior mexicana tienen origen en las dificultades que el país enfrentó durante buena parte del siglo XIX en busca del reconocimiento internacional, particularmente de las potencias europeas y los Estados Unidos. Por ello, de acuerdo con la doctrina Estrada, México rechaza calificar favorable o desfavorablemente a otros gobiernos, pues se considerar que esa práctica vulnera la soberanía de otros Estados. En otras palabras, rechaza la práctica de reconocer gobiernos de facto, pero se reserva del derecho de legación, es decir, de mantener o romper relaciones diplomáticas con otros gobiernos en pro de su interés nacional o de las causas con las que se solidariza el país.
A lo largo del siglo XX, México se convirtió en un referente político en América Latina. En la observación de la doctrina Estrada, el país mantuvo relaciones políticas con Cuba después de la Revolución socialista en ese país; en contraste, rompió relaciones con las dictaduras de América del Sur. Durante la década de 1970 apoyó las causas del Movimiento de Países No Alineados. En la década de 1980, México participó en el grupo Contadora, que medió los procesos de pacificación de El Salvador, Guatemala y Nicaragua.
Desde la administración de Vicente Fox (2000-2006), la política exterior de México se orientó a proyectar una nueva imagen de México al mundo y favorecer la relación con Estados Unidos. México buscó protagonismo donde no lo había tenido por decisión propia, por ejemplo, postulando fallidamente a Luis Ernesto Derbez a la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA). El acercamiento de la administración foxista hacia Estados Unidos fue acompañado por el distanciamiento respecto a América Latina, de modo que el liderazgo que México llegó a tener en otros años en la región fue ocupado por Brasil. Con la llegada de Calderón a la presidencia hubo un cierto acercamiento con América Latina (particularmente con Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador). Ambas administraciones han privilegiado el aspecto económico en las relaciones exteriores mexicanas.
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